Wednesday, July 17, 2013

Biodroids I - Ira

Cuando abrió la puerta a la policía, ya sabía a lo que venían. Había oído a sus padres adoptivos hablar sobre el tema aunque no había querido creérselo hasta que ella misma había preguntado aquella noche, provocando una discusión que había acabado mal. ¿Por qué ella?, se había preguntado mientras amordazaba a su hermana y escondía los cadáveres de sus padres en la bañera, ambos sin signos externos de violencia.
Le parecía mentira que hubiese sido tan fácil acabar con ellos. Sólo había tenido que desear que sus corazones estallaran… Dicho y hecho. Había sido demasiado fácil e, increíblemente, no le había dolido en absoluto, aunque a eso ya estaba acostumbrada. Nunca, en toda su vida, había sido como los demás. Eso a lo que todos llamaban sentimientos no la afectaban para nada y, cuando comparaba sus ojos con los de su hermana, del mismo color ámbar, había visto que ella carecía de aquel brillo de vida que sí tenía la otra. Aunque sólo las separaban dos años, teniendo su hermana dieciséis y ella dieciocho, su estatura hacía que muchos pensaran que eran gemelas. Realmente lo parecían pero, por dentro, eran totalmente diferentes. Su hermana estaba completamente llena de vida, como cualquier humano, mientras ella estaba completamente vacía por dentro. No podía amar, no podía llorar, era silenciosa y casi no hablaba, su expresión era la misma que la de un muerto,… Esos eran los rasgos que la diferenciaban de su familia, toda alegre. Ella era una biodroid, un muñeco con vida creado para suplantar a la gente, que sus padres habían mandado crear porque no podían tener hijos. Irónicamente, su hermana pequeña había nacido dos años después. Por supuesto, no todos los biodroids eran como ella. La mayoría podían fingir felicidad o tristeza, estaban programados para tener sentimientos dentro de sus cerebros orgánicos. Ella no podía. Ni siquiera lo había intentado. No le parecía útil. ¿Para qué esforzarse cuando nadie espera nada de ti?, se excusaba ella cuando le preguntaban. La verdad es que ella ni siquiera sabía que era un biodroid hasta que su madre había querido liberarse de ella, un par de días antes. Su padre, por supuesto, se negaba, aunque ella sabía que la defendía por egoísmo más que por amor. Cada vez que su madre y su hermana iban a comprar o pasaban fuera un tiempo superior a una hora, él la violaba mientras se reía de lo bien que iba tener una muñeca que hace lo que se le pide y no puede quedarse embarazada. Sí, eso era verdad. Todos los biodroids eran como otros humanos pero los creaban estériles y con la capacidad de ser programados. Ella ni siquiera comprendía por qué él le hacía eso, pero tampoco preguntaba. Sabía que, si decía algo a alguien, nadie la creería. Siempre permanecía en silencio hasta que él acababa.
   Así, mientras su hermana luchaba contra las ataduras en el cuarto de baño, ella había abierto la puerta a los agentes que venían a buscarla porque “los biodroids defectuosos tienden a hacer daño a sus amos”. Amos… Aquella palabra la había sorprendido débilmente. ¿De verdad sus padres eran sus amos?
-            ¿Eres Sarah Godfrey? –le preguntó uno de los agentes. Era de noche y llovía. A ella le gustaba la lluvia de otoño y quería salir a la calle, pero antes tenía que liberarse de ellos.
-            Mi hermana no está –mintió, usando un tono de voz inocente y dulce. Tenía que aparentar ser su hermana, dos años menor. No era difícil, era buena actriz. Incluso podía emular la voz de su hermana, unas octavas más aguda que la suya.- Papá y mamá la han llevado al hospital y me he quedado sola en casa. –Fingió tener miedo, desconfiar de aquellas personas. Pero los agentes no iban a ser fáciles de convencer.
-            ¿Cuántos años tienes? –le preguntó el otro agente, tendiendo su mano para que ella le enseñara su identificación. No por nada ella se había cortado el pelo por los hombros. Así aparecía su hermana en la fotografía.
-            Dieciséis –respondió, mientras entregaba la identificación de su hermana. “Ellie Godfrey”, así se llamaría a partir de ahora.
-            Bien, Ellie –le sonrió el agente más mayor, el que había hablado al principio, a la vez que sacaba una tarjeta del bolsillo de la parca negra.- Cuando tus padres vuelvan, diles que hemos venido a buscar a Sarah y que nos vuelvan a llamar.
-            ¿Se van a llevar a mi hermana? –fingió preocuparse, apretando la tarjeta entre los dedos.
-            Sólo la vamos a llevar a nuestro centro de tratamiento. -¿Así que así era como llamaban a la empresa de programación?- No te preocupes.
   Y se marcharon. Ella esperó unos instantes antes de cerrar la puerta. Quería verlos irse. No los quería rondando por allí.
   Volvió al baño no sin antes coger un cuchillo de la cocina. Cogió uno liso, sin sierra, que cortaba mejor. Desató a su hermana mientras le decía que todo iría bien, que no tenía que preocuparse. Pero la verdadera Ellie estaba aterrorizada y se removía mientras su hermana Sarah la abrazaba desde la espalda y las sentaba a ambas en el suelo frío de azulejos blancos. La biodroid obligó a Ellie a coger el cuchillo, manteniéndolo firme en su mano mientras la obligaba a acercárselo a las venas de la muñeca. A Sarah le convenía que pareciese un suicidio porque así ella podría escapar, y todos pensarían que su hermana era la verdadera Sarah, que se había suicidado tras matar a sus padres y arrancarse el pelo de la desesperación. La culpa ha podido con ella, pensarían todos. Tardarían mucho en descubrir la verdad y, mientras tanto, ella podría huir, irse lejos, y empezar de nuevo.
   Mientras su hermana se desangraba entre sus brazos, ella le tapó la boca para dejar de oír las súplicas. “Por favor, Sarah, no”, había dicho su hermana, llorando. La biodroid, en cierta manera, envidiaba la capacidad de los humanos para llorar, que ella no tenía. Y mientras pensaba en cómo sería ser humana, la vida de Ellie se apagó y su cuerpo se enfrió, manchando todo el suelo con su sangre derramada, la misma sangre que tenía Sarah corriendo por sus venas. Físicamente eran iguales, y eso era un buen motivo para odiar a sus padres, por crearla así. Pero ella no sentía nada en absoluto, estaba completamente vacía de sentimientos, mostrando en sus ojos de ámbar la frialdad de un psicópata.
   Finalmente, dejó el cadáver de su hermana con la espalda contra la bañera y se quitó la ropa manchada de sangre para ponerse el uniforme de cuando iba al instituto privado. El de su hermana no le iba porque, al fin y al cabo, la verdadera Ellie era un poco más alta y estaba más delgada. Sarah ya había desarrollado por completo su cuerpo, quedando únicamente corta de estatura. Al mirarse en el espejo unos instantes, se reconoció a sí misma un par de años antes. No había cambiado demasiado.
   Salió a la calle y caminó bajo la lluvia sin rumbo fijo. A aquellas horas no había nadie por allí. Llovía demasiado como para pasearse por un distrito medio vacío, casi fantasmal. Llegó a un puente y se quedó mirando al río unos momentos. En él, si se esforzaba, podía ver su reflejo con gotas de agua bajo los ojos. Gracias a la lluvia, parecía que ella estaba llorando, y eso la hizo sentirse un poco más humana. Siempre le había gustado la lluvia. Sintiéndola caer sobre los hombros y salpicarle las piernas, se sentía capaz de tener sentimientos. Se oía una sirena de fondo, pero era imposible que alguien hubiera descubierto ya los cadáveres de su familia así que no se preocupó. Es más, aunque ella hubiese querido, no podría haberse preocupado. Estaba totalmente tranquila.
   De repente, sintió el cañón de una pistola pegado a su espalda. Estaba caliente y dedujo que había sido disparada hace poco; pero no sintió miedo aunque sí un poco de curiosidad por saber quién la apuntaba.
-            Gírate lentamente –le ordenó una sombría voz de hombre, y obedeció. Eso se le daba muy bien: obedecer.
   Se volteó por completo para ver al dueño del arma, un joven como ella, talvez de su misma edad. Su pulso no temblaba y parecía muy consciente de lo que estaba haciendo. Las sirenas eran por él. Será un asesino, dedujo la nueva Ellie, mirándolo fijamente a los ojos, completamente negros. El iris y la pupila se fundían en un mismo color negro carbón, cadente de aquel brillo que tenían todos los humanos. Él era como ella. Su cabello, en contraste con el de ella, que era negro como los ojos de él, era de un color castaño oscuro ahora que estaba mojado. Estaba pegado a su cara por la lluvia y los mechones, largos hasta los pómulos en el flequillo y hasta la nuca en el resto de la cabeza, terminaban curvados en las puntas. Él no era extremadamente guapo o atractivo pero había algo en él que parecía absorberla. Puede que fuese su aura salvaje porque, como había visto en las películas, los chicos malos, si no son muy feos, resultan más atrayentes que un héroe bondadoso o un justiciero. Lo que más resaltaba en él, seguramente, era su cuerpo, fuerte bajo las ropas holgadas, y una pequeña peca bajo su labio, un poco difícil de ver por la piel morena de él, que contrastaba con la de ella, un poco más blanca y de un color un poco grisáceo.
-            Sangre… -dijo ella al ver las manchas rojas en la chaqueta del joven, y él reaccionó. Se había quedado mirándola como ella a él. También la había reconocido como una biodroid.
-            Cállate –le ordenó, con una voz cortante y seca- y no te muevas o te mataré –amenazó, bajando la pistola y sacándose la cazadora. La tiró al río y acorraló a Ellie contra la baranda del puente.
   Ella lo miró sin inmutarse siquiera. No le importaba notar el bulto de los pantalones cerca de su sexo, endurecido. Al fin y al cabo, ella era una joven apetecible y madura, como una pera dulce y melosa. No era extremadamente bella -era más bien normalita-, pero sus pechos, desnudos bajo la blusa blanca y mojada, parecían llamar a gritos al joven, que agarró su cabeza con rudeza y deslizó su lengua entre los labios de ella mientras miraba hacia otro lado, atento al coche policial que se acercaba. Lanzó el arma al río embravecido y sujetó a Ellie por la cintura, pegándola más a su cuerpo. Ella notó que no era tan desagradable como cuando se lo había hecho su padre, su amo. Los labios de él eran suaves y no tenía una barba que la molestase. Además, cuando ella enroscó su lengua con la de él, notó en su boca un agradable chicle de menta fuerte. Notó, extrañada, un hormigueo en el vientre y sus brazos se movieron solos para abrazarlo a él, que la subió a la barandilla. Ellie enroscó sus dedos en el pelo mojado del joven mientras una de sus piernas envolvía la cintura del biodroid, juntándolos aún más. Podía sentir el calor que él desprendía a través de sus ropas mojadas y no pudo evitar desearlo, cerrando los ojos y pidiendo que él fuese el algo que la purificara de todo lo pasado. Talvez esta es una buena forma de comenzar una nueva vida, pensó, sintiendo un estremecimiento cuando él la abrazó y agarró uno de sus senos, estrujándolo salvajemente.
   Entonces, el coche de policía se paró en la carretera, a su lado, y les dirigió uno de los focos a la vez que el agente les decía:
-            ¡Ey, joven! –llamó la atención del chico.- ¿Qué edad tiene ella?
-            Tengo dieciocho, señor –respondió Ellie, separándose de él y apoyando su cabeza en el hombro del chico. Miraba, provocativa, al agente, mientras relajaba su pierna y dejaba ver sus bragas. Hizo una pompa con el chicle de menta fuerte y la hizo estallar con los dientes antes de seguir:- ¿Quiere mi identificación? –Su actitud convenció al policía, avergonzado ante la visión de sus pechos a través de la blusa transparente y de las braguitas de algodón rosa.
-            Id a un hotel –gruñó antes de apagar el foco y seguir por su camino. El joven, mientras tanto, había estado completamente calmado pero en guardia, atento a si era descubierto como el hombre al que buscaban.
   Ellie supo que él la había usado para esconderse cuando se apartó de ella y siguió su camino, sin mirarla a los ojos. Ni siquiera se despidió o le dio las gracias cuando ella podría haberlo delatado delante de aquel policía, es más, ¿por qué no lo había hecho? Se sintió como una tonta y comenzó a sentir como le hervía la sangre por dentro y tenía ganas de abofetear a aquel extraño. Ellie no sabía que estaba sintiendo “ira”, algo que jamás había experimentado.
-            ¡Espera! –lo llamó, y él se detuvo para mirarla.- Voy contigo –le anunció. Ellie, al sentir la ira por dentro, comprendió que aquel joven tenía algo que ver con el hecho de que sintiera algo, y quería sentir más cosas, muchas más. Ellie quería sentirse humana.
-            ¿Y qué me das a cambio? –se interesó él. Al biodroid extraño le interesaba el cuerpo de Ellie, y ella lo sabía o, como mínimo, lo intuía.
-            Lo que quieras, –y añadió:- pero no tengo dinero. Por eso quiero que me dejes ir contigo. –Si pudiese haber soltado una lagrimita habría sido mejor, pero no sabía cómo.
   Tras esas palabras, el biodroid siguió su camino y Ellie fue detrás de él, en silencio, bajo la lluvia.