Wednesday, June 12, 2013

Los tacones de Álex

AVISO:

Mientras bailo en la pista, la falda plisada de gasa parece que vaya a salir volando en cualquier momento. Las sandalias de tira vibran bajo mi peso. La camiseta sin mangas ni escote empieza a estorbarme. No soy capaz de abrir los ojos y ver mis pulseras brillar bajo los focos. Los pendientes me pesan y tengo la sensación de que se me corre el maquillaje. No quiero mirar. No quiero que me miren.
   Hay un cambio de canción y hago una pausa para tomar algo. Quiero emborracharme. Necesito emborracharme. Whisky-cola para adentro y al baño… Casi me equivoco; qué vergüenza. El otro, Álex, el otro.

   En el espejo me veo tan diferente que me da hasta vergüenza mirarme. Con esta falda casi se me ven las bragas. Con estos tacones tengo que medir casi el metro ochenta… Soy demasiado evidente. Seguro que me miran mal. No debería haberme dejado el pelo suelto; aún lo tengo demasiado corto. Parece que el maquillaje está bien pero me retoco el gloss por si acaso. Debo serenarme, mostrar seguridad. Necesito demostrar que soy capaz de mostrarme tal y como soy, de no tener vergüenza.
   Cuando salgo, algunos se han puesto a bailar en el pódium para ganar camisetas con el logo del local y una consumición gratis. El chico al que más aplauden se mueve como si la música electro fuese parte de él. Su cuerpo es un contoneo constante que no me deja apartar la mirada de él; de ese pelo corto y castaño que parece tan suave; de esos labios que parecen tan tiernos…
   El alcohol empieza a subirme y me noto los pasos pesados mientras me meto entre el gentío para mirarlo más de cerca. Me tambalean las piernas. Quiero ver sus ojos pero baila con los párpados cerrados, como yo. A lo mejor tiene vergüenza también. Se mueve de una forma que me hace querer bailar también, subirme a su lado y plantarle la lengua entre los labios.
   Me obligo a respirar profundamente, parpadear varias veces y tragar saliva… Me esta dando fuerte y no quiero caerme así que me apoyo en el pódium donde está él. El gentío corea su nombre: Daniel.
   De repente, cuando la canción acaba y miro hacia arriba, él tiene sus ojos azules clavados en los míos. Son tan bonitos que se me suben los colores y me quedo de piedra. ¿Qué hago? ¡Muévete! ¡Di algo! Quiero sonreírle pero él me guiña un ojo y baja de la plataforma de un salto, camiseta y vale en mano.
-                Toma, para ti –me dice mientras desdobla la camiseta y me la pone hasta los hombros.
-                ¿Qué coño haces? –le suelto. Qué vergüenza.
-                Es un regalo –sonríe de medio lado, y siento que me derrito por dentro. A cambio te tomas algo conmigo.
-                ¿Por qué? –No quiero beber más.
-                Porque lo digo yo. –Me sonríe, insistente. Debería pasar de él pero siento curiosidad.
   De repente, me coge la mano y tira de mí hasta la barra, donde cambia el vale por vodka negro con lima. Si me bebo eso acabaré vomitando pero no quiero hacerle el feo. La hipnosis de sus ojos me mantiene aquí. El calor de su mano me hace querer más…
-                Daniel, ¿no? –le pregunto después de darle un sorbo a la bebida.
-                Sip. –Me encanta su sonrisa. Me gustaría no llevar esta ropa ahora mismo. Al final me he puesto la camiseta del local encima de la mía.
-                Bailas bien.
-                Y tú. Te he visto antes. –Noto que me arden las mejillas de nuevo. Se me acelera el corazón de los nervios. Quería convencerme de que nadie me estaba mirando antes.
-                ¿En serio? –me río mientras la copa se vacía entre mis manos. Está muy dulce y entra bien. Luego lo pasaré mal.
-                Sip. Luego te he estado buscando y me he subido al pódium por error –se ríe de sí mismo. Está tan mono así, con las mejillas en rojo fuego y tapándose media cara con una mano… Creo que me voy a morir de la vergüenza. –Termina su copa y tira de mí. Vámonos.
-                Espera… Soy Álex –le digo mi nombre mientras bajamos las escaleras a la parte bajo la pista, donde los almacenes en desuso cumplen la función de cuarto oscuro.
-                Perfecto, Álex. –Parece muy ilusionado. Yo también lo estoy. Sabe qué es lo que quiero y sé lo que quiere. Tampoco necesito horas de conversación para que me apetezca tener algo más con alguien. Quiero tener un poco de intimidad –se excusa mientras nos hace entrar en uno de los muchos cuartos y pasa el cerrojo.
-                Espera –le pido.
   Rápidamente tanteo en la oscuridad y enciendo la luz. Una luz tenue y anaranjada que crea un ambiente salvaje. Tengo que dejarlo todo bien claro antes de que sea tarde. Está muy lanzado o muy bebido. ¿Cómo hemos llegado a esto tan rápido? ¿Por qué he dejado que me arrastrara hasta aquí con tanta facilidad?
-                ¿Qué te pasa? –me pregunta. ¿No quieres follar? –dice con un mohín. Que lo diga tan directo me pone cachondo. Que me ponga ojitos aún me pone más.
-                Pues, verás,… Me llamo Alejandro –confieso. Maldita sea mi hermana por ofrecerme la falda. Ahora si no quiero que me partan la cara tendré que meter una buena excusa. Creía que íbamos a hablar un rato así que//
-                ¿Entonces no te gusto? –sigue en sus trece mientras saca una cajita de tres gomas del bolsillo.
-                ¿Qué? ¿Me lo está diciendo en serio? Le digo que soy un hombre y se queda tan pancho el tío. ¿Será bisexual?
-                Ya te he dicho que te he visto antes, ¿no? –Me acorrala contra una mesa y me tengo que sentar para no chocarnos. Parece que le divierte mi cara. Esta faldita se vuela con nada, ¿lo sabías? –Se ríe de mí, y trago saliva. El vodka me sube y empiezo a ponerme cachondo. Está demasiado cerca. He sabido que eres un hombre desde el principio. –Me acaricia el muslo y sube la mano para arrugarme la falda y abrirme de piernas. Aunque como mujer estás muy guapa –susurra en mi oído mientras acaricia las tetas falsas y mi espalda.
-                ¿Qué quieres? –le pregunto. Mi hermana mayor siempre me ha dicho que esté seguro de algo antes de hacerlo. David parece encajar conmigo, saber lo que pienso…
-                Ahora quiero besarte –confiesa mientras acaricia mi nuca a través del pelo y me lame la punta de la nariz, como un perrito. ¿Y tú, Álex? ¿Quieres besarme?
   Y hago lo que he querido desde hace rato. Pruebo sus labios y su lengua mientras me abraza y paso los brazos alrededor de su cuello. Me besa con los ojos abiertos, como si fuera a comerme, y me da vergüenza. Sus manos me recorren con ansia y me acaricia el culo por dentro de las braguitas mientras desabrocha el sostén con relleno y tira de él junto con las camisetas.
   Daniel me quita el disfraz hasta dejarme con las braguitas y las sandalias, sentado sobre la mesa. Tengo mucho calor y todo me da vueltas de tal forma que creo que voy a caerme. Estoy demasiado receptivo y está a punto de salírseme la polla de la lencería de lo dura que la tengo. Qué vergüenza.
-                La tienes grande, Álex. Me sorprendes. –Sus ojos azules me la están mirando y me tengo que apoyar con ambas manos en la mesa para no caerme. Él se ríe. Parece que le gusta lo que ve.
-                Estoy muy borracho –me enfado mientras él coge una de mis piernas y baja las manos hasta mi tobillo.
-                Qué tacones tan bonitos… ¿Dónde has encontrado un 44? –Parece que también quiera unas sandalias como las mías, como las de mi hermana. Gracias, Sofía.
-                Los venden por internet –pretendo decir, pero lo que pienso y lo que suelta mi boca no se parecen mucho. Abrázame. Creo que me voy a caer –le pido.
-                Nop –me empuja, divertido, para tumbarme en la mesa. Aún quiero mirarte mucho más. Estás mucho más guapo ahora.
-                Para –me avergüenzo.
-                Los ojos brillantes; la piel caliente y sonrojada… Lame uno de mis pezones y noto lo cachondo que está debajo de los tejanos. Tienes la polla tan tiesa que vas a reventar estas braguitas –me susurra, acariciándomela a través de la tela. Me encanta como hueles.
   Daniel me besa el cuello mientras inspira mi piel. Arrastra la lengua desde mi clavícula hasta el lóbulo de la oreja mientras tira de la ropa interior y me deja completamente desnudo. Me coge de las rodillas y me abre bien de piernas, con los tacones sobre la mesa. Mientras me besa de nuevo, me pellizca un pezón y me la acaricia con suavidad arriba y abajo con los dedos. Tiene unas manos tan calientes que me estoy empezando a mojar y no puedo reprimir un gemido. Estoy tan caliente que tengo que respirar por la boca mientras tiro de su camiseta y se la quito. Está fuerte… Yo estoy demasiado delgado.
   Acaricio su pecho y sus pezones mientras me hace una paja. Me mira tan fijamente que a veces quiero cerrar los ojos pero me gusta tanto que me mire así que no puedo. Quiero que Daniel me folle pero no digo nada. No me salen las palabras. Si intento decir algo seguro que me muerdo la lengua así que lo atraigo hacia mí para besarlo y que oiga mis jadeos. Quiero que sepa que me encanta lo que me hace.
   Pero él se aparta de mí tras besarme un momento y después empieza a besar mi cuerpo mientras va bajando. Sí, por favor. No sabía cómo pedírtelo. Quiero que me la chupe y sé que lo va a hacer. Mientras me besa cerca del ombligo me río porque me hace cosquillas. Y sonríe y sigue bajando hasta lamerme el glande, rodeándolo con la lengua caliente y mojada. Se mete mi polla en la boca y se la traga entera para arrancarme un grito de placer.
-                Daniel –gimo su nombre. Qué bien lo haces.
   Acaricio su pelo y lo guío para que me la coma bien. Me encanta. Si pudiera, me correría tal cual. Pero quiero más, quiero mucho más. Quiero chupársela yo y follarlo y que me folle. Mientras me masajea los huevos, Daniel gime de placer porque le gusta que se me ponga aún más dura.
-                Yo también –le digo mientras me levanto y me arrodillo en el suelo para desabrocharle el pantalón.
   Cuando le bajo los calzoncillos, él suspira de alivio. La suya tampoco es pequeña y me la meto en la boca sin dudarlo. Muevo la lengua como si lo besara y tiembla del gusto mientras jadea. Tengo tanta ansia acumulada que me la trago como si fuera un animal, sin ninguna calma. Me acompaño de la mano para darle más placer mientras me hago una paja. Me gusta que me mire. Esos ojos me vuelven loco.
-                ¿Quieres follarme, Álex? –me pregunta de una forma que aún me pone más cachondo.
-                Sí –gimo mientras me levanto y lo beso.
   Mientras me la sigo cascando, Daniel se apoya sobre la mesa, de espaldas a mí. Me lamo los dedos y empiezo a acariciarlo. Está tan borracho como yo y está muy receptivo. En seguida se me traga tres dedos sin que le duela y me pongo un condón de los de la cajita que lleva. Estoy tan impaciente que tengo que contenerme para no metérsela de golpe.
   Me hago un aro con los dedos y le meto la punta mientras gime y se masturba. Me la suelto y lo cojo de las caderas para írsela metiendo poco a poco hasta que entra entera y lo veo babear sobre la mesa. Como llevo los tacones, llego sin problemas a su altura y empiezo a moverme dentro de él, primero suave. Qué ganas tenía. Está tan caliente y apretado que creo que me voy a correr enseguida.
-                Dame más fuerte, Álex –me pide, y lo hago. Me muevo más rápido y me lo follo con sacudidas rápidas y ardientes mientras gime, jadea y grita del gusto.
-                Qué voz tan sexy tienes, Daniel –me deleito y me tumbo sobre su ancha espalda para follarlo bien. Quiero correrme pero también quiero que me folle él a mí así que la saco. Ahora tú, por favor.
-                Sí. –En los ojos tiene grabado el vicio y las ganas que tiene de comérseme entero.
   Me coge y me tumba boca arriba en la mesa de nuevo para chuparme el culo y meterme la lengua mientras me masturbo. Joder… Debería habérselo hecho yo a él. Soy demasiado impaciente.
-                Daniel, venga. O me correré –le aviso mientras tiro de él hacia mis labios.
   Se pone un condón y me la mete con fuerza, demasiado rápido. Pero tengo tantas ganas que no me duele y me abro bien de piernas mientras lo abrazo y me folla y me besa. Mete una mano entre nosotros y me masturba mientras me folla. Tiene las manos tan calientes y la polla tan dura que me dejo llevar y disfruto del placer que me da. Bebo de Daniel y de su olor. Me folla con fuerza y rapidez, con los ojos cerrados. La polla le tiembla porque pronto va a correrse y me dejo ir porque no aguanto más y no puedo esperarlo.
   Gritando contra sus labios, me corro y noto cómo todo el cuerpo se me adormece.
-                Álex, ábrete bien. Voy a explotar –me dice cuando me la suelta y se apoya en la mesa para darme embestidas potentes y veloces.
   Me tengo que apoyar en la pared y hacer fuerza para que no se le salga. Tan dura, tan gorda,… Daniel se corre y noto a través de la goma el calor de su semen en mi culo.
-                Qué ganas tenía –suelta antes de dejarse caer sobre mí, cansado.
-                Y yo –suspiro.
-                Lo siento si te he confundido.
-               La culpa es mía por disfrazarme de mujer –me río.
   Poco a poco, se retira y se quita el condón antes de volver a vestirse. Yo hago igual pero antes de que se vaya le pido el número de teléfono y me lo guardo en la agenda para poder volver a verlo. No quiero que esta sea la última vez que nos veamos.

   Cuando me bajo de la mesa para coger la falda del suelo, veo que me falta una sandalia y una bota de Daniel está tirada en el suelo. Tendré que llamarlo mañana para dejarle la otra sandalia y verlo con los tacones, sexy y seguro,… Y desnudo en mi cama.