Wednesday, July 17, 2013

Dunkler Teufel

Azul… La bóveda celeste que se cierne sobre mi cabeza parece darme los buenos días… Qué azul… Qué grande y despejado… Lo veo todo de la tonalidad del cielo por culpa del sol sobre mis párpados… El sol del mediodía que calienta mis mejillas y las sonroja… Hace calor y puedo sentir mi piel sudar, haciendo que la ropa se me quede adherida al cuerpo. Noto mi respiración pausada y lenta, como si estuviese dormida,… Noto… Noto la arena ardiente en mi espalda y me siento, abriendo los ojos y quedando cegada por los rayos de luz blanca. Tapo mis ojos con mis dos manos y pronto dejo de ver chispas de fuego, pudiendo ver el mar y la playa de arena blanca en forma de media luna en la que estoy… Qué brillante y hermoso… tan sereno y azul que, en el horizonte, el mar y el cielo se funden en uno solo. No hay ni una nube, ni una ola,… Todo está en calma.
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   Un suave rumor de olas tímidas llega a mí acompañado de una brisa, marina y refrescante, que me trae el olor de la sal, el agua, las algas y el calor… Suspiro. Me siento como si lo notase todo por primera vez, pero conozco sus nombres: la suavidad de la arena, el calor del Sol, la brisa del mar, el movimiento danzante de las palmeras a mi espalda,… todo. Llevaba tiempo sin sentirme tan bien… creo. Algo no funciona, no acaba de encajar,… Me siento extraña…
« ¿Dónde estoy? ¿Quién soy? ¿Cómo he llegado hasta aquí? »
   Nerviosa, me levanto, apoyando los puños en el suelo. Me siento débil y cansada, la garganta y los ojos me escuecen, me pica la piel y me miro los brazos desnudos, blancos por la sal,… « ¿He naufragado…? » Me duele el estómago y me siento mareada por el hambre. Pierdo el equilibrio y caigo de espaldas, quedándome sentada en el suelo. Llevo mi mano derecha a mi frente por acto reflejo, intentando recobrar los sentidos, y noto que llevo algo en ella, que está cerrada en un puño. Así que abro la palma y veo un medallón redondo de oro con una cadena… « ¿Es mío? » Lo abro para mirar qué hay dentro y veo el retrato de una bella señorita de cabello color caoba y con bucles que deja caer en cascada por sus hombros; ojos redondos, grandes y violáceos con pestañas largas y abundantes; nariz pequeña y respingona; tez mixta, tersa y preciosa; mejillas rosadas; labios llenos y rojizos; cuerpo delgado; y pechos redondos y turgentes que llaman la atención gracias a un corsé y un vestido rojo de encaje que lleva. El nombre que hay bajo la pintura es Bluma… ¿Bluma?
« No me suena pero… Qué hermosa es… ¿Quién es ella? ¿Soy yo?
¡No me acuerdo! »
   Cierro el medallón, enfadada, y me lo cuelgo al cuello, viendo mis pechos sonrojados por el Sol. Me estoy poniendo morena. Sólo llevo un camisón, destrozado y harapiento, y me siento avergonzada y obligada a taparme con los brazos y mirar a los lados por si hay alguien mirándome… Pero estoy sola y me río… Una isla desierta… Virgen… Sin restos de vida humana por ninguna parte excepto unos trozos de madera esparcidos a mi alrededor y yo…. No sé qué hacer… ¿Llorar, talvez? ¿Para qué?
   Miro a lo lejos, usando la mano derecha como visera pues el Sol, resplandeciente, me ciega… Talvez haya un barco cerca… Pero el mar parece impoluto. No hay vestigio de ninguna vela… Miro de un lado para otro, revisando la costa, y veo un rompeolas natural de piedra y musgo que da forma a la media Luna de la playa mientras que a mi izquierda veo cómo la selva llega hasta la orilla para lamer el agua con sus hojas y la hierba silvestre. No quiero adentrarme en este imponente monstruo verde sin saber algo más, sin tener protección,… Necesito algo para no perderme, una brújula talvez, y miro de nuevo al mar en busca de restos del posible barco en el que iba… Es posible que quede algo que pueda rescatar… incluso puede haber más supervivientes.
De repente, veo en la punta del espigón una tela blanca y sucia, que parece la vela de una nave, mecerse al viento… He de ir a averiguarlo.
Camino por la arena húmeda con los pies descalzos, paseando y esquivando las olas… Pronto se convierte en un juego y me pongo a corretear, chillando y dando brincos para no mojarme… Es divertido… Me siento libre y feliz, pero insegura por lo que pueda pasarme. Si encontrase una forma de vivir,  podría quedarme aquí pues, al fin y al cabo, no recuerdo nada de mi vida… ¿Para qué frustrarme intentando acordarme de un pasado que talvez sea horrible si puedo empezar una vida nueva aquí? La soledad puede ser un inconveniente pero me acostumbraré, seguro. No creo que me vuelva loca, ¿verdad…? Ya no sé ni siquiera con quién hablo.
Me paro ya cerca del espigón, dispuesta a escalar por las rocas pero miro antes para asegurarme de que la tela blanca sigue estando en su lugar y que no voy hasta allí en vano… Sigue allí, medio atrapada entre las rocas resbaladizas y llenas de musgo, y ondeando con fuerza con los azotes del viento, que parece ser más fuerte allí que aquí, en la orilla.
¿Y si me caigo y quedo atrapada entre las rocas hasta la muerte? ¿Y si no es nada excepto la vela del barco y no hay nada más? Me entra el miedo y me suelto de las rocas por las que iba a trepar, volviendo a poner los pies en la arena. Mmh……. refunfuño, preocupada. Pero sacudo mi cabeza para quitarme el temor de encima y me aferro a la roca, mordiéndome el labio inferior y tomando impulso para subir. No parece difícil o peligroso así que me subo a la siguiente hasta llegar arriba, donde las rocas están más llanas y menos húmedas, para comenzar a andar con cuidado.
Aquí, las olas chocan furiosas contra la roca, como si pretendiesen tirarme abajo y engullirme… Dejo de mirar, poniendo los ojos en el final del rompeolas y acelerando ligeramente el paso. Camino con cuidado por el centro, lejos de los bordes e intentando no resbalarme con la alfombra de musgo que se ha creado con los años.
El aire azota mi cara de repente cuando estoy a pocos metros de llegar, empujando mi ligero cuerpo hacia la parte interior del espigón y precipitándome sobre las rocas. Me protejo la cabeza con los brazos y caigo al agua. Para mi suerte, aquí no hay rocas y nado hacia la superficie, luchando contra las corrientes y el oleaje para evitar empotrarme contra la roca maciza. Estoy desorientada y no sé hacia dónde nadar, si hacia la orilla o hacia las rocas para subirme a ellas. Una ola me arrastra contra las rocas y noto como sus puntas agudas se clavan en mi costado. Grito de dolor y el agua entra en mi garganta, haciendo que tosa y deje de mover los brazos hasta comenzarme a hundir.
Muevo los brazos con fuerza, confusa, para intentar llegar a la superficie, me falta el aire y me doy más prisa, pero mi cuerpo está demasiado débil para pelear contra la fuerte corriente, que parece engullirme. Estiro los brazos hacia el cielo y siento el canto de una roca en mi palma, que se aferra a ella con toda su fuerza. Me empujo con los pies para subir y agarrarme con los dos brazos hasta tener medio cuerpo fuera del agua y respirar profundamente, escupiendo agua salada y casi vomitándola. Un brazo se me resbala y me precipito contra el agua de nuevo pero me agarro con fuerza con el otro brazo y consigo no caerme y mantenerme a flote. Enfoco bien la vista y me agarro a la roca de mi izquierda para intentar subir y volver a lo alto.
Suspiro de alivio pues me veo con fuerzas para subir y el oleaje ya no se me puede llevar. Descanso, apoyando unos segundos la cabeza sobre la fría y húmeda roca, dando gracias a Dios y sonriendo. Me duele el costado derecho del golpe y creo que me sangra ya que la sal hace que me escueza. Pero no importa, no me ha pasado nada grave y puedo ver la vela más cerca de mí, a pocos metros.
Algo se me agarra de la pierna que me queda en el agua de repente y miro hacia abajo, alarmada. Es un alga, es un alga,… espero, sacudiendo la pierna e intentando sacarla del agua. Las olas no me dejan ver qué hay debajo de ellas pero esa cosa me estira e intenta meterme de nuevo dentro de las aguas. Hago más fuerza para subir pero, de repente, las manos se me resbalan y caigo al agua con un fuerte golpe. Las olas me empujan y aplastan contra la roca, dándome un fuerte golpe en la cabeza que me desorienta y me hunde. Esa cosa sigue arrastrándome y me remuevo… pero no consigo nada más que malgastar el aire.

¿Dónde….estoy? Parece una especie de cueva pero… no estoy segura de ello al cien por cien. El techo de roca húmeda y oscura parece reflejar una luz azul refulgente de la que desconozco la procedencia… Huele a humedad, agua y… ¿verde? Es extraño pero estoy bien aquí, estirada sobre la fría piedra y mirando los reflejos añiles que se forman allí arriba. Me entran ganas de comprobar si son reales y estiro el brazo derecho, notando el dolor latente del costado, pero no llego y me levanto, haciendo que la cabeza me dé una fuerte punzada.
Sentada y con las manos sobre el costado, dejo de mirar hacia arriba unos instantes y me fijo en el agua que hay a mis pies, que parece brillar con una extraña luz azul, la que se refleja en el techo y me ha maravillado hace unos instantes… ¡Increíble! Rozo la superficie del agua con el dedo gordo del pie y formo ondas en ella, que vuelve a estar en calma a los pocos segundos. Está tibia y parece transparente. Debe haber algo dentro del agua que la hace centellear así… ¿Miro dentro o no miro? Primero debería asegurarme de que la cosa que me ha traído hasta aquí se ha ido pero, la verdad, no me importa.
Miro hacia mi espalda, donde me ha parecido oír algo, pero solo veo una grieta oscura por la que no voy a pasar. Es demasiado estrecha y no me gusta sentirme encerrada así que supongo que habrá otra forma de salir de aquí, ¿no? Me pongo de cuarto patas para asomarme al pequeño lago subterráneo fosforescente y veo algo en el fondo… Parece cuadrado, grande y marrón… como un baúl o algo por el estilo. Quiero verlo más de cerca y me meto dentro del agua de un salto, tapándome la nariz y cerrando los ojos. Pero el agua es espesa, más que la del mar,… ¿agua dulce? Es posible.
Comienzo a nadar hacia el fondo con grandes brazadas. Es más cómodo con tanta luz y me siento segura así que no me entretengo mirando alrededor y me aproximo a lo que, efectivamente, es un baúl. No parece estar dañado así que lo agarro con fuerza por una de las ansas y estiro con fuerza hacia arriba, esperando que no esté atascado en ningún sitio. El aire se me escapa y tiro con más urgencia, haciendo que el baúl suba y pudiendo al fin llevarlo conmigo hasta la superficie, donde respiro con grandes bocanadas de aire.
Aún no satisfecha del todo, dejo el arca en tierra firme y me vuelvo a hundir, dispuesta a averiguar la causa de aquella luz. No me había fijado antes pero el lago es ancho y en forma de tubo hacia el fondo, como un túnel subterráneo. Veo una barca hundida cerca de donde estaba el cofre pero no voy a llevarla arriba, aún. Miro en las paredes de roca, de donde creo que sale la luminosidad, y veo en ellas unas flores extrañas plantadas en el musgo. Me acerco a mirarlas mejor y quedo cegada unos instantes. Aparto la mirada y coloco mis manos alrededor de la extraña planta, quiero arrancarla y llevarla conmigo a la superficie para verla mejor. Es de gran tamaño pues su base es como mis palmas juntas. Rápidamente subo, empujándome con los pies, para no tener que soltar la flor.
Arriba de nuevo, dejo la planta en el suelo, cerca del baúl, y subo empujándome con los brazos. El costado cada vez duele más pero mi cabeza ya parece estar bien, creo. Me siento en el suelo y apoyo la cabeza en el arca, rendida. Si me pusiese en posición fetal, cabría dentro, y ahora parece más pesado que en el agua… ¡Uf! Estoy reventada. Tengo hambre, sueño, frío y dolor latente por todo el cuerpo… Espero que haya algo de utilidad dentro del cofre. Mis ojos se desvían hacia la flor refulgente, que parece haber perdido luz, y veo como es en realidad.  Grande… Enorme… Formada por seis pétalos  azules y gruesos en forma de pentágono, parecen nenúfares o cactus acuáticos, pero luminiscentes. Su base está formada por musgo verde y común y, en el centro de los seis pétalos, una enorme bola negra de lo que parece polen brilla con intensidad con la misma luz. Es algo misterioso que no se parece a nada conocido, creo. Puede que haya perdido la memoria pero sigo conociendo todo lo que es ajeno a mí, las margaritas, las rosas,… ¡pero esto no se parece a nada! Alargo una mano para tocar la bola negra y me doy cuenta de que es mullidita, como una esponja. Acerco la cara y noto su aroma, dulzón y salado al mismo tiempo… algo realmente extraño.
Vuelvo a sentarme con la espalda recostada en el arca y me fijo en que he dejado rastro en el suelo. Automáticamente, mi mano izquierda se coloca sobre mi costado y me mancho los dedos con la sangre, pegajosa y caliente. La herida no parece profunda, un simple rasguño creo, pero mis costillas sí parecen lo suficientemente contusionadas como para convertir la piel que las cubre en una enorme placa morada. ¡Uf! Gimoteo de dolor al clavar demasiado los dedos en la magulladura. Duele. Talvez haya algo en el baúl que me sirva para curarme. Sería mejor que mirase a ver… ¡Au! ¡Cómo duele! Mejor me cambio de posición y dejo de auto-herirme. ¡Ay…! Tengo la cabeza hecha un bombo, me duele y me pesa. El estómago también… ¿Cuánto llevo sin comer?
Abro a duras penas el arca, que no está cerrada con llave, ayudándome de ambas manos y dejo caer la tapa hacia atrás, que retumba y rebota contra su parte trasera. Lo primero que veo es ropa… ¡Ropa! La cojo rápidamente… ¡Vaya! ¡Está húmeda! Yo ya me había hecho ilusiones… Extiendo la ropa en el suelo lo más lejos del agua posible y lo más cerca que puedo de la grieta, por la que entra una pequeña brisa cálida. La ropa es de mujer, camisones, vestidos y corsés. Bien. Pero antes he de lavarme así que vuelvo rápidamente al baúl para seguir con mi búsqueda y acabar cuanto antes. Parece que debajo de la ropa se escondían los objetos más valiosos: joyas, maquillaje, algo de oro y monedas, etc.… Saco de entre estos objetos lo que parece una vaina con un machete dentro… ¿Para qué querría una mujer un machete entre su equipaje? Bueno. No importa. Me irá bien de todas formas así que ato la cinta que lleva la vaina alrededor de mi cintura y continúo rebuscando entre las joyas y los libros empapados, de los que no puedo leer el título, para ver si encuentro algún que otro objeto que me sirva de utilidad.
Después de sacar todo lo innecesario del baúl y dejarlo a un lado, dentro me quedan: una brújula, un catalejo, tinta, plumas, papel -que estaba dentro de una caja a la que no ha llegado el agua-, un cepillo para el pelo, un espejo en el que no me he mirado aún, una vasija con aceites para el cuerpo que repartiré entre los botes de perfume para llenarla de agua dulce, y una jofaina que me puede servir para, en cuanto haga fuego, cocer la comida… en cuanto la cace con el machete. Mmh… Si tuviese hilo podría intentar pescar algo pues no creo que pase ningún animal por aquí…
Rebusco entre las joyas y desmonto el collar de perlas más largo que hay para usar la cadena como caña. Para el anzuelo decido usar la montura de acero de un pendiente, amoldándola bien. La verdad es que dudo que haya peces en este lago, pero no tengo nada que perder así que dejo caer el hilo lo máximo posible y espero, mirando las ondas del agua mientras me siento, recostada, contra el baúl. En el espejo, que yace a mi lado, puedo ver mi reflejo… talvez sí que soy la chica del retrato. Puede que mis bucles hayan dejado de serlo para convertirse en una maraña de pelo granate opaco, reseco y erizado; que mis ojos tengan ojeras y sean de un tono violáceo más apagado; y que mi cuerpo esté más delgado y tenga menos vida pero… ¡Sí! Cabe la posibilidad de que sea una versión desaliñada de esta hermosa chica.

No sé cuanto tiempo ha pasado pero este aburrimiento me mata… ¡Mnf! Puede que los peces no lleguen aquí… ¿Cómo habré llegado yo a este lugar? Talvez haya, en el fondo de la laguna, alguna especie de túnel que lleve al exterior. Podría probarlo y ver si puedo salir por allí pero… ¿y si me quedo sin respiración y no me da tiempo de volver? ¿Y si resulta ser un callejón sin salida? ¿Y si me encuentro con la cosa de antes de nuevo?...
Sacudo la cabeza de un lado para otro con tal de dejar de pensar en ello y vuelvo a mirar al agua con la cabeza hecha un lío… Estoy cansada y ahora me duele la cabeza. ¡Seré tonta! Puede que sea mejor que deje estar esto de la pesca e intente salir por la grieta, aunque me dé un pavor horrible.
Un fuerte tirón casi me hace caer al agua pero, por suerte, consigo mantenerme en el sitio y estirar de mi improvisada caña. Parece que el pez es grande… o talvez es la cosa de antes… ¡No! No voy a mirar o me cae// ¡Au! ¡Dios! ¡Cómo me duele el costado! Ya… Ya casi está. Me levanto, apretando los dientes y gimoteando, para poder jalar mejor la cadena. Me lloran los ojos del dolor y no veo nada pero estoy dispuesta a aguantar para poder comer así que tiro más fuerte aún, clavando los talones en el borde del lago y echando el cuerpo hacia atrás. ¡Agh! ¡Cómo tira!
Mis pies se resbalan y caigo al agua sin darme cuenta. Al final resulta que era un enorme pez que no pienso dejar escapar así que voy detrás de él, que se revuelve para quitarse el anzuelo de la boca.
Extiendo los brazos mientras sigo empujándome con los pies para intentar agarrar la cola del pez, que se escurre de entre mis manos y sigue nadando. Agarro el hilo que queda sujeto al anzuelo y tiro de él para que el pez venga lanzado hacia mí. Aprovechando la situación, saco el machete como puedo y lo clavo con todas mis fuerzas en su cabeza, haciendo que sangre… ¿Los peces sangran? No lo sé pero… me parece extraño y... No importa. Total… Ya no se mueve. Es mío.
Vale… Ya tengo la comida, me falta el fuego… Mmh… Pero… ¿de dónde saco ahora la madera para el fuego? Recuerdo que había una barca bajo el agua, talvez pueda coger un remo y secarlo para hacer fuego con él. Mmh…
Miro el fondo del lago para cerciorarme… En efecto pero… ¿Qué hay allí? ¿Qué es eso? ¡No! Eso es lo… ¡Ah!, grito, huyendo de la orilla. Esa cosa se acerca  a la superficie  y no quiero que vuelva a atacarme así que meto todos los objetos de utilidad dentro de la jofaina y esta dentro de una manta medio seca para atarla a mi espalda, pegada a mi cuerpo lo máximo posible. Oigo un chapoteo a mis espaldas y me giro, aterrada, para ver a un animal parecido a un dragón de Komodo pero más grande, o ágil, o lo que sea pero no me voy a quedar mirando mientras esa cosa me observe como un perro a un entrecot así que me lanzo a la grieta, pasando por ella de lado y a la velocidad del rayo.
Noto como las piedras afiladas rasgan mi ropa y arañan mi piel pero no dejo de moverme pues estoy segura de que esa cosa también puede pasar por aquí. Debo esforzarme. Puedo ver la salida: una especie de luz al final del trayecto. Así que, al llegar, rezo por no encontrar nada peor al otro lado y me pongo de frente para comenzar a correr por el bosque, gritando. Comienzo a llorar de repente por el miedo pero no me detengo, ni hablar. Sigo forzando mis cansados músculos a estirarse y contraerse, haciendo que se resientan y me hagan sollozar del dolor. Como si millones de alfileres se me clavasen por todo el cuerpo, traspasándome hasta los huesos. Mis pulmones se hinchan y deshinchan por mis grandes bocanadas de aire por la boca, haciendo que me coja flato y sienta arder la tráquea. También mis pies se resienten, corriendo desnudos por la profunda selva y saltando sobre las raíces  híper-desarrolladas de los árboles. Creo… Creo que están sangrando. ¡Ah! Sí. Lo están. ¡Joder! Los ojos me escuecen por el aire helado nocturno. Solo la luz lunar hace que vea algo cuando aparece entre las ramas de árboles y florestas. Mi corazón… Parece que vaya a estallar de tanta sangre que bombea y tengo… tanta hambre que… ¿Qué…? ¿Qué es aquello?
Hay algo frente a mí, en medio de la jungla y mirándome con unos ojos centelleantes que encogen mi cardio… ¿Qué hago? No puedo dejar de correr porque mis piernas ya no responden y cada vez estoy más cerca de ese ente así que me protejo con los brazos, a punto de chocar con ello. Animal u otra cosa, cierro los ojos y aprieto los dientes pero, como si fuese un milagro, atravieso a ese ser y sigo por mi camino. Dejando en mi cuerpo una sensación… Una especie de hormigueo que me recorre por completo…
   Miro hacia atrás, sorprendida, con la esperanza de ver mejor a ese ser y lo veo mejor que antes. La luna se ha dejado ver y lo ilumina casi por completo durante unos escasos segundos ya que desaparece entre la maleza a toda velocidad. Sin embargo, mientras corro, no puedo dejar de pensar en él. Ya no tengo miedo, es más, ahora… mi corazón está acelerado por otra cosa… ¿Qué será? Recuerdo… Recuerdo que era alto, musculoso y de piel más oscura que la mía, como del color de la piedra, gris oscuro… Únicamente vestía unos pantalones holgados atados a la altura de los tobillos con correas, medio destrozados como mi camisón y de color beige sucio… Creo que llevaba también una especie de cinturón de tela que le tapaba todo el abdomen de color rojo oscuro, como las correas. Era… Sí… Si no recuerdo mal su cabello era del color de la arena mojada, despeinado y con el flequillo muy largo… Era… rizado, creo. Pero se habían convertido en ondas con el tiempo, haciendo que todos sus mechones cayesen en serpentina por su testa… ¿Cómo…? ¿Cómo era su rostro?... No lo recuerdo. No he podido verlo y, en todo caso, debería dejar de pensar en esa cosa o… ¡Eh! ¿Me lo ha parecido a mí o…? Tenía cola, ¿verdad? Una cola larga que se arrastraba por el suelo, de color ébano y acabada en punta de flecha, como un arpón, creo. Y alas… También tenía unas alas de gárgola a proporción de su cuerpo y a juego con la cola… Como un demonio… ¡Imposible! Es más, debería dejar de pensar en ello o//
¡Dios mío! ¡No! No noto el suelo bajo mis pies y, al mirar abajo, veo un tremendo vacío. Comienzo a caer y… ¡Dios! ¿Para qué voz a decir nada más? ¡Voy a morir! La adrenalina y el miedo se convierten en una mezcolanza amarga que sale desde el fondo de mi garganta en forma de gritos y alaridos. Puedo ver el fondo a duras penas… Más jungla, un río pasando por en medio y, más adelante, otra pared de piedra que vuelve a subir para formar la enorme cicatriz en el rostro de la isla. Veo un… una especie de árbol que ha crecido en horizontal y con las raíces encastadas en las rocas. Voy… ¡Voy a estrellarme contra él! ¡Mierda! ¡No!
Las finas ramas me azotan para después quebrarse bajo mi peso, rasgando mi piel y adornándola con miles de líneas sangrantes. Prefiero cerrar los ojos para evitar que las ramas me los destrocen o arañen. Y también cruzo los brazos en forma de “X” sobre mi torso y cara para protegerme mejor.
De repente, siento como algo se me enreda por todo el cuerpo mientras sigo cayendo y ahora… Ya no caigo. Abro los ojos para cerciorarme y veo como tengo todo el cuerpo sujeto por lianas que me aprietas y duelen. ¡Arg! Mucho. A ver… ¿Cómo me las quito? Miro al suelo y veo una plataforma de roca natural a menos de tres metros debajo de mí y… Si pudiera cortar las lianas… Alargo la mano como puedo para coger el machete y ponerlo a mi vista para cortar poco a poco par que no// ¡Ay! ¿Pero qué//?
La rama se rompe. ¡No! ¡Espera!, pido en vano a la rama, que cede ante el peso y provoca mi caída.

Mmh… ¿Qué es eso? Parece que algo se acerca pero… ¿no estaré soñando? Me siento como flotar y algo desorientada… Puede ser. Lo veo todo algo translúcido, como tapado por una ligera niebla, y el cuerpo me pesa tanto que no me puedo mover. No me veo con fuerzas par ello… Estoy boca abajo sobre la fría y húmeda piedra… Pero puedo ver esa cosa porque… ¿Húmeda? ¿La piedra está mojada? Sí… Está lloviendo… Mucho. Parece una tormenta tropical aunque el árbol hace de paraguas agujereado. ¡Ey! ¡No te me acerques! Intento moverme para huir y// ¡Au! ¡Mi costado! « No… No te acerques más », pienso, intentando despejar mi vista pestañeando varias veces seguidas pero… Me duelen hasta los párpados… y ese ser está cada vez más cerca. No… Pretendo moverme de nuevo para coger el machete pero ya no puedo. ¡Agh!, gimoteo audiblemente. ¡Vete!, intento gritar, pero solo se oye un susurro. Me siento tan impotente… ¡Au! ¡Dios! ¡Maldito costado! Creo que se me ha infectado la herida. No… No te acerques… pero ya estás aquí, ¿no? Puedo oír tu respiración agitada, como si hubieses corrido tanto como yo.
El ser se agacha a mi lado y mira mi rostro fijamente… Lo noto… ¿Quién eres?, quiero decir, pero solo puedo balbucear. Busco sus ojos pero lo veo todo demasiado borroso y no puedo definir ningún rasgo de su cara. Su figura parece… ¿un hombre? ¿Será el de antes…? No. No veo las alas ni la cola. ¿Quién eres?, intento preguntar de nuevo, pero la voz sigue sin salirme y produzco un débil gemido de temor.
El hombre hace ademán de acerárseme y yo me remuevo, con miedo. ¿Y si es un salvaje? ¿Y si quiere matarme? Dejo de moverme por el dolor, rendida, y él duda un momento para luego acercar una de sus manos a mi cara. Roza con las yemas de sus dedos mi mejilla derecha y… Qué sensación tan extraña. Tiene unas manos cálidas y suaves, parecidas a las piedras calientes y redondas de los ríos secos.
   Pone uno de sus dedos bajo mi nariz para… ¿mirar si respiro? Roza también mis labios con curiosidad y, después de segundos largos y cálidos, baja su mano a mi cuello. Noto su índice y corazón contra mi vena aorta, tomando mi pulso. ¿Qué…? ¿Qué es lo que pretende? Oh... No… Siento que me voy a quedar dor//