Wednesday, July 17, 2013

Los ojos de la muerte


   Me despierta el golpe de mi cabeza contra el cristal helado de la ventana trasera derecha del Wolsvagen plateado de papá. Es verdad… Aún no hemos llegado. Mi hermana, Lucy, duerme en el lado izquierdo apoyada en su osito de peluche, que casi es más grande que ella, y mamá busca una emisora que se oiga bien mientras papá no saca sus ojos de la carretera. El reloj de la radio dice que son las tres de la madrugada, aunque yo solo veo agua por mi ventanilla. Agua y oscuridad. No llovía tanto cuando me he dormido… Aunque tampoco íbamos por esta carretera tan sinuosa. Hay un espantoso barranco en la parte izquierda de esta y, en mi lado, una enorme y alta pared de piedra. Seguramente estamos pasando por una montaña… ¿Cuánto faltará para llegar?
   De repente, la radio deja de oírse. No importa lo mucho que mamá haga girar la ruedecilla, siempre se oye lo mismo, como si algo interfiriera en la señal. Ahora, nada. Deja de oírse todo, incluso la lluvia. Esto empieza a darme miedo. Me siento como si tuviese tapones en los oídos y una gran presión en el  pecho. Como si estuviésemos bajo el agua a más de diez metros de profundidad. Todas las luces del coche se apagan y ya no se ve nada. Aun sin electricidad, el coche funciona. Mamá está haciendo que funcione, seguro. Ella está muy tensa en estos momentos. ¿Qué pasa?, quiero preguntar, pero las palabras no me salen. Mis párpados se caen de sueño aunque no quiero dormirme. Quiero saber qué ocurre. ¡¿Qué está pasando?! ¡Mamá! ¡¿Por qué estás tan asustada?! ¡¿Qué miras en la oscuridad de la carretera?! ¡Ahí no hay nada, ¿verdad?! ¡Papá! ¡Dí algo! ¡Cálmala! ¡¿Por qué no haces nada?!
   Por el amor de Dios… ¿A qué huele? ¿Qué es este olor? Es repugnante, como a algo podrido… Huele… Huele a muerte y putrefacción. ¿Dónde he olido esto antes? ¿De qué me suena? ¿Qué…? ¡¿Qué es eso?! ¡Allí, en la noche! Algo me está mirando. Una sombra grande y negra, casi del tamaño de la montaña. Está en medio del camino. Parece esperarnos. ¿Es eso lo que mira mamá? ¡Mamá!, quiero gritar, asustada. Pero las palabras no me salen. Solo puedo llorar y temblar de miedo. ¿Qué es? ¿Po-por qué me mira así? Con esos ojos que parecen dos bombillas del color de la sangre. Son ojos ardientes a la vez que fríos. Penetrantes y paralizadores. Hacen que me quede en el sitio, muda y llorando. Sin poder hacer nada.
   De repente, esa cosa se lanza sobre nosotros y papá lo esquiva. La lluvia hace que el coche no pueda volver al centro de la carretera y vayamos directos al barranco. Todo se ha vuelto lento, como obligados a verlo todo en el más mínimo detalle pero sin poder hacer nada para remediarlo. Chocamos contra la valla de seguridad, atravesándola, y caemos al vacío. Abrazo a mi hermana en un intento por protegerla, mirando a mis padres con temor y llorando. Sé lo que va a pasar. Sé que vamos a morir pero sigo sin poder decir nada. El coche parece flotar en el aire pero sé que estamos cayendo. El tiempo parece más lento cuando uno va a morir.
   Mis padres se giran para mirarnos, tan asustados como yo. Lucy no se despierta. Mejor. No quiero que sufra. No quiero que vea la sangre o que nos vea morir. Ojalá… Ojalá muriésemos todos a la vez, sin dolor… ¿Por qué…? Sé que voy a morir y aun así… ¿Por qué quiero vivir?
   De repente puedo ver el final de nuestras vacaciones, el fondo del barranco, y la radio empieza a funcionar de nuevo. Comienza a sonar la “Misa de Réquiem” de Mozart y no puedo evitar llorar y gritar. Ahora comienzo a oír todo el horror. Miro a mis padres, gritando.
¡Papá! ¡Mamá! -grito, sintiendo como todo mi cuerpo se estremece. Veo sus caras sonrientes mirarnos con orgullo a la vez que el fondo del barranco cada vez más cerca.- ¡Os quiero! –sollozo, partiendo mi alma en dos. Ellos me sonríen…
   Y siento todo el impacto en mi cuerpo. Como el coche encaja todo el morro en el barro, aplastando a mis padres y haciendo que el coche se balanceé hasta caer boca abajo, golpeando nuestras cabezas. No puedo… seguir…

   ¿Qué ha ocurrido? ¿Era una pesadilla? No… No lo era. ¡Papá! ¡Mamá!, grito, llamándoles. Pero la respuesta es el silencio. ¿Están…? ¡No! No quiero pensar en ello. Debo dejar de llorar y sacar a Lucy del coche. Tengo que buscar ayuda. Hay mucha sangre. Demasiada. Dios… Voy a vomitar.
   Me tapo la boca con una mano mientras desabrocho mi cinturón y el de Lucy. La cojo suavemente para que no se golpee la cabeza. ¿Por qué…? ¿Por qué ella está manchada de sangre? Salgo por mi puerta rápidamente, arrastrándome entre el barro. La lluvia no me deja ver bien. Lo veo todo nublado. Pero me pongo en pie como puedo, aguantando el dolor que siento en la pierna derecha y corriendo hacia la puerta izquierda del coche. La abro, tirando con fuerza de ella para poder sacar a mi hermana y estirarla en el suelo con cuidado, poniéndola boca arriba.
¿Lucy? -pregunto. Tocando suavemente su mejilla para despertarla, sin poder parar de llorar. Me temo lo peor.- ¡Lucy, despierta! -ordeno, chillando y abofeteándola.
   Sin dejar de llorar, busco el pulso en su pequeño cuello pero solo noto el temblor de mi mano. ¡Lucy!, comienzo a gritar, llamándola mientras le practico el boca a boca. Nada… ¿Por qué…? ¡Papá! ¡Mamá! ¡Despertad!, los llamo. Pero no oigo nada más que el maldito réquiem. Necesito ayuda…
   Me levanto para buscar un camino. Algo… Y entonces noto ese horrible olor acercarse. El olor de la sombra. El olor de la muerte que viene a por nosotros. ¡No! ¡No dejaré que te los lleves!, grito a la oscuridad, estirando los brazos para protegerles. La sombra se acerca entre los matorrales, tan grande que me veo como una pulga. El miedo me invade. ¡No! ¡No quiero morir!
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   Y comienzo a correr, arrepintiéndome de lo cobarde que soy por dejarlos allí, maldiciendo cada paso que hago y sintiendo el dolor de todo mi cuerpo cada vez que respiro. Oigo mi pulso. Solo puedo sentir mi corazón, latiendo a mil por hora por miedo, y esa horrible canción. Esa maldita canción que hace que se estremezca todo mi cuerpo y no pare de llorar. ¡Así no puedo ver nada! Esa melodía que antes me parecía tan bonita ahora solo hace que crezca el miedo en mí.
   Pero… ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué la sombra me está persiguiendo a mí?! Una rama me hace tropezar y caer de bruces, torciendo mi tobillo izquierdo. Intento levantarme pero no puedo. Oigo cada vez más cerca la respiración de la sombra, que con cada exhalación emana ese asqueroso hedor. Hago toda la fuerza que puedo con los brazos y me levanto, gritando de dolor al apoyar mis pies en el suelo. Vuelvo a correr, sin dejar de gritar. ¡Qué alguien me ayude!, grito. ¡Socorro! ¡Ayuda! ¡Por favor!
   De repente, siento como la tierra se me traga media pierna, haciendo más fuerte el dolor. Quiero… Quiero sacar la pierna del agujero, tirando de ella con desesperación. ¡Ayuda! ¡Socorro!
   Entonces, frente a mí se yergue la Muerte, mirándome fijamente con sus ojos como bombillas rojas. Ese olor… Tengo ganas de vomitar. Pero su mirada me tiene atrapada. Ya no siento nada. No tengo fuerzas…