Friday, July 26, 2013

Capítulo III.- Fiesta de pijamas

Ya falta poco para que lleguen Silvia y las demás y me estoy aburriendo. Tendría que haber empezado más tarde a preparar la cena.
   Hoy, las chicas del “club sin nada en especial que hacer” hemos decidido hacer una fiesta de pijamas. De momento somos tres pero hoy viene una chica nueva de primer año. Básicamente lo que hacemos es hablar y hablar y de vez en cuando leer el mismo libro o hacer algún tipo de manualidad (ropa, accesorios,…). A lo mejor deberíamos llamarnos simplemente amigas; pero las amigas no tienen ceremonias de iniciación. Puede que seamos como una fraternidad, al fin y al cabo.





A las 7:03 llegan Silvia y Marisa para presentarme a la chica nueva, Ascensión (Ascen). La chica es muy mona y más bajita que yo (y eso ya es decir) pero tiene unas tetas impresionantes. Pelo cortito y castaño con clips; ojos asustadizos, grandes y verdes,… Esta noche nos vamos a divertir.
-                Soy Minerva –me presento con dos besos. Después me tengo que poner de puntillas para saludar a Marisa, rubia natural y de ojos castaños. Se ha puesto muy morena este verano.
-                ¿Qué hay para cenar? –me pregunta Sil antes de darme un abrazo de los suyos. Por cierto, Silvia es morena, como yo, pero con el pelo más largo y espeso. Es como una gitana pero de ojos celestes.
-                Ensalada de verano y helado de Bayleis de postre.

-                Vamos a jugar –suelto después de la cena.
-                ¿A qué? –sospecha Silvia. Ascen parece emocionada. Después de un rato hablando, parece que se le han ido los nervios. Me cae bien.
-                Pues a la botella, como siempre –me rio de mi amiga.
-                Entonces acabaremos borrachas y convertidas en lesbianas –se parte Mari mientras me sigue con las demás a mi habitación con una botella de cerveza vacía.
   En el suelo de la habitación tengo los cojines, una bandeja para la botella y muchos juguetes: plumas, aceites y cremas de masaje, consoladores, pinzas para los pezones y mucho más. Me encantan estas fiestas, por pequeñas que sean.
-                Veo que lo tienes todo preparado. –Mari empieza a desvestirse sin dejar de mirar las cartas de atrevimiento. Las demás también se cambian. Al fin y al cabo, esto es una fiesta de pijamas.
-                Voy por unas cositas y vuelvo –me excuso antes de ir a la cocina.
   Rápidamente cojo fresas y cerezas, sirope de chocolate, algunos plátanos y hielo del congelador. También cojo nata por si acaso y el vodka del congelador, que casi me lo olvido.
-                ¿Seguro que no te olvidas nada? –se ríe Sil mientras lleno la mini-nevera de mi habitación con todo lo que he cogido y pongo en la mini-cadena una sesión de erotic-chill de DJArys.
-                Pues si, una sorpresita. –Y saco unos antifaces de uno de los cajones de la mesita de noche.− Yo, Ménade, como anfitriona, me he encargado de invitar a Baco 69 (ya sabéis quién es) para no volvernos lesbianas –suelto en tono solemne. Durante la cena ya se ha encargado Silvia de soltar mis anécdotas sexuales.
-                ¿Lo has invitado? –se sorprende mi compañera.
-                ¿Un chico? –Ascen se vuelve a poner nerviosa y noto en las yemas de los dedos ese hormigueo tóxico antes de querer siquiera que se pongan en situación. Sólo necesito tocarlas para embriagarlas. No quiero que se repriman hoy; hoy no.
-                Va a estar por la cam –les explico mientras reparto los antifaces de colores.
   Como Marisa lleva una picardía Selmark fucsia le doy el antifaz rosa. Le rozo los dedos con los míos y veo cómo se le dilatan las pupilas. Poco a poco irá despertando su lado más pervertido; aunque Mari nunca ha sido demasiado vergonzosa.
   Ascen, la más tímida de nosotras, lleva una camiseta ajustada de tirantes a juego con un short verde así que yo misma le pongo el antifaz amarillo y rozo sus orejas, que rápidamente cogen un color rojo que me calienta la entrepierna. Es tan dulce…
   El antifaz naranja es para el camisón corto de tirantes de Silvia, de color negro. Lo coge de mis manos con cautela, sin tocarme. Lástima…
   Finalmente, para mi corsé con liguero morado, el antifaz plateado.
-                Ahora estamos listas. –Les hago una reverencia teatral.
   Rápidamente, con la emoción a flor de piel, enciendo la pantalla del PC y mando solicitud a Baco para empezar un video-chat.
   Cuando acepta (casi al instante), veo a un Baco diferente al habitual, más ansioso. Hoy lleva un antifaz de cuero rojo que me deja ver su pelo del color de la canela. Sólo lleva los pantalones… Ojalá mi plan funcione.
-                ¿Qué tenemos aquí? –sonríe de esa forma que me derrite por dentro.− Tenéis una buena fiesta montada, ¿eh?
-                Pues sí… −Quiero que vea que quiero decirle algo.
-                ¿Algún juego en mente? –me pregunta. Cómo se nota que somos tan parecidos.
-                Me has leído la mente –le sonrío.− Te lo voy a decir así: a ver si aguantas que nos corramos tres veces cada una sin tocarte ni una sola vez. –la única que se sorprende de mi propuesta es Silvia. Ascen y Mari están ya a tono.
-                ¿Y qué ganaría?
-                Lo que quieras –me explico. ¿Es que no capta la indirecta?
-                Entonces si gano te vienes a mi casa, Mena.
-                Por supuesto.
   Y nada más acabar la frase cojo a Silvia y le planto la lengua en la boca, sin dejarla apartarse de mí. La intoxico y la hago seguirme y querer más. Tiene los labios muy suaves y me gusta. No es la primera vez que beso a una mujer pero nunca había visto a Silvia de esa forma.
   Cuando quiero darme cuenta ya le he metido mano en las tetas y ella me ha agarrado el coño con fuerza, impaciente. Cojo el sirope de chocolate y hago un camino por su cuello para seguirlo después con la lengua mientras le quito el tanga y lo tiro a la pantalla del ordenador. Me encanta que Baco nos mire mientras nos magreamos. Por favor, mira cómo la hago gemir, mira cómo se corre entre mis caricias.
-                Dile a Baco lo que sientes, Sil. Míralo y córrete para él –le ordeno mientras me pide que pare, que no le haga esto. Aunque su mente no quiera mi poder ya ha tomado su cuerpo. Ascen y Mari han empezado a tocarse inconscientemente y a acariciarse mutuamente.
-                Me corro, Baco –gime ella. Nunca había intoxicado a tantas personas a la vez, puedo controlarlas.
   Hago que Ascen le chupe las tetas a Sil mientras Mari desliza su lengua en la hendidura chorreante. Silvia gime y se retuerce entre mis caricias mientras beso su cuello y la hago aspirar, crear gemidos reprimidos. Se muerde la lengua y yo lo sé sin tener que mirarlas. Sólo tengo ojos para Baco, que se remueve en su silla. ¿Ves lo que te pierdes? ¡Jódete! Mira y babea porque no nos catarás. Vamos a divertirnos sin ti.
   Alargo la mano para coger un arnés y ponérselo a Sil aunque se niegue, grande y realista. Mari empieza a chuparlo y las mejillas de Silvia se tiñen del color del vino. Las manos de Baco se aprietan en puños sobre el escritorio para evitar hacerse una paja. Quiere follarnos, quiere venir con nosotras.
   Hago que Ascen monte a Silvia lentamente. Está tan húmeda que chorrea el pene artificial y se lo traga por completo ante nuestras miradas. Se me forma una sonrisa en la cara y me arden las orejas; siento entre vergüenza y diversión. Me encanta ver cómo Mari se mete el vibrador para dos y penetra con él el culo de Ascen mientras disfruta como una loca. El olor a lubricante me pone cachonda y sigo mirando mientras me toco por encima del culotte.
   Se mueven con un movimiento ebrio y sensual. Sil y Ascen comparten un plátano boca a boca mientras Mari baña sus tetas en nata y me invita a probarlas. Me encanta. Quiero tenerlas aquí para siempre. Yo misma me intoxico de mi propio poder.
   Poco a poco, Ascen empieza a gemir con más fuerza y a sentir el primer orgasmo. Mientras miro noto los latidos de mi sangre ardiendo entre mis labios, empapados. Sil y Mari le dan más fuerte y Ascen grita mientras se masturba con fuerza. Rápido, más rápido. Creo que yo misma me voy a correr pero no quiero y dejo de tocarme mientras me muerdo la lengua.
   Cojo a Mari y me pierdo entre la nata de sus tetas. Deslizo una mano por su espalda y acaricio sus nalgas, las abro y masajeo a medida que ella se mueve para penetrarse con Ascen, que sigue en movimiento para hacer gozar a Silvia.
-                Muérdela, Mena –me ordena Baco, y muerdo el pezón de Mari que tengo al alcance.− Métele un dedo en el culo –me pide, y cuando lo hago Mari se estremece y grita. Sin tener que moverme yo, Mari acelera el ritmo hasta que se corre poco después del orgasmo casi reprimido de Silvia.
   Las separo y me penetro por detrás con el arnés de Silvia mientras Mari y Ascen se besan y llegan demasiado rápido al segundo orgasmo. El tiempo ha dejado de tener importancia. Ya casi no puedo pensar. Nuestros cuerpos se mezclan y nuestros gemidos de armonizan. Pero yo quiero más, ellas no son suficientes.

-                Baco –lo llamo cuando las tres están dormidas ya. Ni siquiera he contado las veces que se han corrido. Yo, al menos, ninguna. Me han decepcionado.− Yo quiero una polla real.
-                Aún tienes que correrte tres veces –se ríe de mí.
-                Me da igual la apuesta –admito.
-                ¿Sabes lo que soy?
-                Y tú sabes lo que soy, también.
-                Ven, Ménade mía.