Monday, July 29, 2013

Capítulo IV.- El sátiro

Corro como una loca por la calle hacia el piso de Baco. Tengo unas ganas terribles de saltar sobre él, de que me tumbe en su cama y me haga todo lo que ambos queremos.

Cuando abre la puerta no puedo dejar de jadear. El vestido de tirantes que me he puesto encima se me cae por los hombros y las sandalias se me han desabrochado pero eso no me importa. Baco, mi tan ansiado Baco está delante de mí. Es tan guapo y tiene unos ojos increíbles. Me mira como únicamente sabría hacerlo un sátiro. Lo hace de una forma tan ardiente que me estoy mojando toda ya. Si me sigue mirando así acabaré corriéndome. ¿Qué pasará si me toca? Estoy ardiendo. No puedo soportarlo más pero no quiero dejar de mirarlo a los ojos.
-                Siempre he sabido lo que eras. –Qué voz, voy a derretirme.− Ahora estoy seguro al cien por cien, Ménade.


-                Llámame Minerva –es lo único que puedo decir mientras me coge una mano y tira de mí hacia la oscuridad del piso. Él es un depredador y si fuese una chica normal sentiría miedo; pero no soy una chica normal.
-                Marco –se presenta antes de empujarme sobre la cama.− Cada vez que te miro te veo más sexy, Minerva.
   Se tumba sobre mí y le doy la vuelta para estar encima. Comienzo a tocársela y se resiente un poco de lo frías que están mis manos. Me sonrío y me la meto en la boca sin pensármelo. Tenía muchas ganas de hacer esto. Primero la punta, acariciándola con la lengua para hacerla salir del capuchón, y luego lamiéndola de arriba abajo, masajeando los testículos para que se endurezca más deprisa. Me encanta hacer mamadas y está tan caliente que no puedo parar. Es tan suave…. Me la meto entera en la boca, poco a poco. No quiero atragantarme. ¡Dios, es enorme! Me pongo cachonda sólo con mirarla pero no dejo de amarla, chupando y absorbiendo como si fuera un chupete. A él le gusta. Y me la dejo dentro de la boca para jugar un poco con la lengua por la parte de abajo, adelante y atrás, de un lado a otro. Hago cosquillas en la punta y me la vuelvo a meter. Oírlo gemir me pone aún más caliente. Ya no puedo más, la quiero dentro y me siento sobre él. Así, poco a poco...
-                No, no –se ríe Marco.− No tengas prisa, nena.
   Me agarra una teta y acaricia el pezón con su lengua, ardiente. Lo va rodeando a medida que se endurece y luego abre tanto la boca que creo que se me va a comer el pecho entero. Me encanta que me muerda así; nos intoxicamos mutuamente. Me encanta cómo huele y agacho la cabeza para lamerle el cuello mientras le hago una paja, con las manos ya calientes. Estoy demasiado húmeda.
   Desliza sus dedos entre mis labios y con la otra mano me saca la lengua y me la pellizca. Joder… Cómo me gusta que me toque así. Tira de mi lengua y me besa. De repente siento una descarga que me recorre el cuerpo por completo. Le muerdo el labio y succiono su lengua como si se la chupara mientras noto cómo se le pone más dura entre mis manos. Me encanta que me penetre con los dedos, suaves como sus huevos. No quiero que deje de magrearme las tetas. Tiene unas manos tan grandes que parece que me las vaya a arrancar.
-                Quiero chupártelo, Minerva –me susurra mientras me levanta y me tumba en la cama. Esta fuerza animal me pone cachonda y no dejo de mirarlo.
   Me abre bien de piernas y me acaricia la parte interior de los muslos con suavidad mientras me mira con lujuria. Así, mírame más. Acaricia con los dedos mis labios y los abre un poco, solo un poco. No me hagas esperar más. Baja las manos hasta mi culo y lo acaricia mientras desliza la lengua dentro del bizcocho, haciéndome cosquillas. Roza mi clítoris con la punta caliente y húmeda y noto cómo chorreo más, cómo me pongo más cachonda. Poco a poco su lengua serpentea entre mis pliegues hasta penetrarme, larga y ardiendo.
-                No pares –le suplico.− Ahí, ahí,… Por favor… −gimo. Estrujo las sábanas entre mis manos y hago fuerza con las piernas. Me hace muchas cosquillas y no sé dónde mirar mientras mueve la lengua dentro de mí.
   Cuando saca la lengua lo miro y veo cómo se chupa un dedo antes de meterlo en mi culo con un movimiento ligero y rápido que me hace gemir. Deslizo mis dedos entre su pelo y le agarro la cabeza para que siga chupándomelo. Absorbe la pepita como si fuese un pezón y me encanta. Tengo la vista borrosa y no dejo de jadear. ¡Me encanta! Esta sensación es como un orgasmo constante que me deja al alcance de las nubes sin poder llegar a tocarlas. Quiero correrme ya pero me gusta tanto que a la vez no quiero. Adoro cómo mueve ese dedo dentro de mí, cómo me lo chupa para saborearlo por entero.
-                Quiero correrme, Marco –le pido, y usa todo el ancho de la lengua para lamérmelo de arriba a bajo como si fuera un perro.
   Su lengua apretando mi clítoris hace que vaya escalando la montaña del orgasmo. Mientras gimo cada vez más, cada vez más alto, el movimiento de su lengua se va haciendo cada vez más rápido y fuerte hasta que, de repente, me muerde la pepita y me lanza en picado por el acantilado. Grito y grito mientras me corro como nunca lo he hecho. ¡Me encanta! ¡Lo adoro!
   Y antes de que me quede hecha un flan, Marco se sienta sobre mi pierna izquierda y me coge la otra para apoyarla en su torso y acariciarme el ardiente coño con su capullo. Así, suave. La suavidad de sus cojones contra mi pierna me provoca un hormigueo excitante, como un preludio al placer intenso de su punta serpenteando entre mis labios inferiores hasta empezar a penetrarme lentamente. Cada vez es más gorda y entra dentro de mí incendiando mi cuerpo. Querría abrirme bien de piernas para que entrara sin problemas pero él no me deja moverme así que su tronco me roza el bizcocho a medida que entra.
   Me incorporo sobre un brazo, medio inclinada, para poder ver cómo me la mete. Es tan grande que no puedo creer que esté entrando en mí. Parece interminable y lo que me da rabia es no poder  moverme. Tengo la piel ardiendo; tengo mucho calor. El corazón me va a mil por hora.
   ¡Ay! Está tocando la matriz, qué daño. Ahora que ha entrado entera, empieza a coger ritmo y a follarme al ritmo de mis jadeos, sin llegar al fondo. No puedo creer que no me quepa entera pero cada vez que me la mete le pido un poco más al fondo, hasta que consigo tragarla por entero. La deja ahí para que contemple y me sienta llena. Empieza a moverla dentro y frota mi clítoris con un pulgar.
-                ¿Te gusta esto?
-                Sí, me encanta. Dame más rápido –le suplico entre gemidos.
   Me pasaría la eternidad así. Desearía que no dejara de follarme nunca pero de repente la saca y se pone un condón antes de volver a darme, esta vez con más fuerza. Poco a poco me va dejando más libertad y acabo poniéndome de espaldas a él, bien abierta de piernas, casi a cuatro patas. ¡Más! ¡Dame más! Me folla al ritmo de nuestras pulsaciones. No puedo evitar babear y pedirle más.
   De repente me coge de la cadera y me levanta para ponerme como un perro mientras me masturba y yo acaricio sus huevos entre mis piernas. Me hace cerrarlas por completo para estrecharme pero tengo la cadera completamente abierta a su paso. Se apoya en mí y me pellizca un pezón para que grite. Poco a poco me levanto para sentir su torso en mi espalda y agarrarme a su cuello mientras me magrea las tetas y me enviste una y otra vez.
-                Me encanta, Marco. Lo adoro. Cómo me gusta –gimo mientras noto el calor de otro orgasmo.− ¡Voy a correrme otra vez!
-                Espera un poco, Mine. Voy a correrme yo también.
   Y empieza a darme más fuerte, casi sentándose sobre sus piernas para hacerme botar en una violenta sacudida. Su polla late dentro de mí y sus jadeos se convierten en gemidos que me vuelven loca. Lo noto correrse mientras la empuja bien dentro de mí, llenándome por completo, y yo también grito en la cresta de la ola, mientras caigo en picado al vacío. Abrazo su base con mis labios convulsos y pierdo fuerzas de nuevo.
   Poco a poco, la saca y se quita el condón mientras se masturba y yo lo miro mientras me toco. Quiero más, aún sigo con ganas. Lo miro y espero que entienda lo que quiero decirle. Cojo otro condón y se lo pongo cuando veo que se le pone dura otra vez. Y lo tumbo sobre la cama para montarlo. Poco a poco me la meto por detrás.
-                 La tienes tan dura –lo alabo, y él me agarra de la cintura para hacerme bajar más deprisa. Es tan grande que me pongo en cuclillas para abrirme bien. Lo adoro.− Voy a follarte hasta dejarte seco.
   Y empiezo a moverme hasta que se me adormecen las piernas. Acoplo mi vaivén con sus gemidos. No se puede estar quieto y mete los dedos dentro de mí mientras le pellizco los pezones y lo hago estremecerse debajo de mí. Cada vez más fuerte, cada vez más rápido. Quiero correrme otra vez y lo hago porque me encanta. Llevo tanto tiempo sin disfrutar así del sexo que no puedo parar. Me levanto y me pongo de espaldas para seguir cabalgándolo. Me empuja y sube las piernas a mi espalda. Me encanta el golpeteo de sus cojones contra mi clítoris y no dejo de gemir. Ya no hay tiempo. Ya no hay palabras. El placer me ciega y lo único que hago es moverme y moverme con él. Ambos nos follamos sin parar, corriéndonos y tirando los condones a la mesita de noche antes de ponerle otro.
   Me tumba completamente boca abajo, con las piernas cerradas, y me sigue follando por el culo, intercalándolo con mi coño. Es tan grande que levanto el culo pero me vuelve a acorralar. Me tira del pelo y me muerde como un animal, como si quisiera comerme. Me encanta. Fóllame así; fóllame más. Tumbada boca arriba me hace levantar el culo y mantener el coño bien abierto para que vacíe un bote de lubricante dentro de mí, llenándomelo por entero. Mete las manos mientras se masturba. Nunca lo había tenido tan abierto. Llega a meter una mano entera dentro y me sorprendo y gimo porque me gusta. Mueve sus dedos dentro de mí como si fuesen culebras mientras chorreo lubricante sobre las sábanas.
-                Me voy a correr sobre ti, Minerva –me dice antes de tumbarme.
   Meto mi mano dentro de mí y me masturbo mientras Marco pone sus rodillas a ambos lados de mi cuerpo y se masturba sobre mis tetas. Lo quiero todo, todo encima de mí. Quiero que me ensucie y que me lo restriegue por todo el cuerpo después.
-                Me corro. ¡Voy a ducharte!
-                Sí, por favor –gimo. Las tetas se me mueven inquietas, impacientes.
   Y se da más rápido hasta que se corre y me da en un pezón. Traza un dibujo en mi lienzo de carne mientras yo también me masturbo más rápido. Voy a correrme también y él lo sabe. Se escurre la polla y restriega su semen mientras magrea mis pechos. Me mete los dedos manchados en la boca. Adoro el contacto de su capullo sobre mí, que cuelga cansado pero aún duro.
   Cuando me corro por última vez, él mete su lengua en mi boca y me embriaga de tal forma que el orgasmo se multiplica. Lucho como puedo por mantenerlo, con las piernas bien abiertas mientras grito en su boca.